Soliloquio
Martes 01 de Mayo del 2007
La caída no parecía ni tan larga ni tan dolorosa, mas bien se parecía a la sensación de cuando se autoinflige una herida: un instante de leve dolor para darse cuenta que no es tan profunda como se hubiera deseado. Es la caída de los parpados al morir, pues morir es lo menos doloroso de la existencia.
En la vida se sufrirán tantas calamidades, como encontrarte a medianoche despierto en tu cama con pensamientos que te torturan y cuando al fin logras cerrar tus ojos para caer en el mundo de los sueños, éstos no son consoladores, te sientes enfermo y febril, divagas sin poder decidir si despertar y escapar o seguir soñando… tu sabes, cosas de todas las noches.
No es tan distinto al sentimiento de encontrarte solo, rodeado de mentes vacías donde la verdadera pérdida de tiempo es el tratar de cruzar dos palabras, simplemente te mirarán con negros ojos opacos, inmensos, reirán y seguirán dejando escabullirse de sus gargantas ruidos sin sentido, a veces demasiado rápido para ser comprendidos por ellos mismos; al final del día ellos dormirán, los rodearán sueños de paz, nada vale la pena para ellos de ser analizada, nada les quita el sueño, sus preocupaciones son banales, pequeñas o nulas.
Supongo que reconoces haber visto por horas una pintura, tratar de recordar a detalle las facciones de una escultura, llorar con un libro en las manos impidiendo que tus lágrimas cayesen en las páginas, quedarte absorto con la más bella música u observado infinidad de imágenes en esa película polvorienta de un cineasta demente… todo arte producido por demencia, dolor, amor, odio o tristeza es el dominante, pues no es una replica mediocre de tales sentimientos.
No trates de contenerme, muchas veces he cayado, me has visto entre discusiones filosófales guardar silencio, sólo escuchando, sólo observando, sólo aprendiendo, siempre sola… sola dentro de mi mente… tu entiendes, sólo comparto opiniones justo en el momento adecuado además, no es de mi gusto atraer público, me gustan las conversaciones de dos… o de uno, da igual; ahora, ¿me permites continuar?
Es como un amargo sabor en los labios, cuando apenas comienzas a olvidarlo pasas tu lengua entre ellos y la amargura parece agudizarse más, hacerse más presente; si alguien trata de ser parte de ti y sus labios se unen, la desilusión estará en su vida también y, ¡¿gracias a qué?! A que la tocaste con tu amargo beso, le marcaste como metal ardiendo, cada vez que crea olvidarte pasará la lengua por sus labios, de nuevo el sabor, terminará acostumbrándose como todos lo hemos hecho.
¡Ah! ¡Estamos comprendiendo! La felicidad sólo está en pequeñas cosas y la desdicha te la dan a toneladas, un grano de arena enfrentándose al mundo de perdiciones. Nos queda fijarnos en esos pequeños detalles que te llenan de alegría y amor, cuando el corazón se hincha, en la escasez de ternura y sonrisas, eso pequeños pormenores acompañados de grandes acciones crueles de la vida que siempre te provocarán dolor; quédate con el recuerdo de un bello color, de una palabra; ten presente que los recuerdos jamás lograrán arrebatarlos, sólo trata de guardar los mejores y los peores para crecer y seguir.
Creo que esta charla se ha extendido, vuelve a tu rincón, reflexiona en completa soledad lo que he dicho, deja de cuestionar mis actos, mis pensamientos, mi existencia de la cual solo yo decido cuando termina, deja de fastidiarme. A veces desearía arrancarte de mí pero si lo hiciera no tendría con quien hablar y me sentiría muy sola.
© Adriana Ireri Quijada Contreras ~~Vampyria Lakryma~~