sábado, julio 28, 2007

2.- Las mujeres de Bécquer y Baudelaire (Parte B: Bécquer)


Analizando ahora la vida amorosa y las musas de Bécquer, de todos es sabido, que Bécquer es el gran poeta del amor, como afirmaba Altolaguirre: “ningún poeta ha contribuido en más alto grado que él a desarrollar la inteligencia amorosa de los hombres”, sin embargo, paradójicamente, Bécquer fue muy desgraciado en el amor; si convocásemos ahora a todas las mujeres que tuvieron mayor relación con Gustavo Adolfo, ¿de qué podemos inculparlas?. Siendo como cada una fue, todas eran indispensables y cada una asumió su papel en aquel drama, en su vida y en su poesía.

Pero, ¿hasta qué punto son vida y obra, líneas dócilmente paralelas?... Para responder esta cuestión, he confrontado las distintas opiniones de numerosos expertos en el tema, y extraigo mi propia y humilde conclusión, que iré desarrollando a lo largo de este escrito. En el estudio de la obra de Gustavo Adolfo hay dos obstáculos fundamentales: la cronología de las Rimas y a quién van dirigidas las de carácter amoroso. La mayor o menos exactitud en cuanto a las fechas de las Rimas posibilitaría puntualizar la referencia de éstas, a los amores que pasaron por la vida del poeta, es decir, que aunando los datos concretos sobre la gestación del corpus literario y el desarrollo de la vida del poeta podríamos determinar a quién va dedicado cada verso de su erial poético. Nombela, amigo del poeta, señala que las rimas inspiradas en el amor fueron compuestas en 1858 y en 1859, y posteriormente, afirma que fueron gestadas en 1860 y 1861, por lo cual hay una discrepancia de dos años, aunque asegura, que en ningún momento correspondían con el matrimonio con Casta Esteban, el 19 de Mayo de 1861, fecha posterior a la supuesta gestación de las Rimas. También, debemos tener en cuenta, que el manuscrito desapareció en la revolución de Septiembre 1868, tras habérselo entregado Bécquer a González Bravo. La posterior reconstrucción del original fue menos completa y correcta. Por otra parte, tal y como afirma Don José Pedro Díaz2, “las fechas de publicación no indican las de composición”. Todos estos inconvenientes hacen ardua la tarea de descifrar la musa inspiradora, pero también cabe recordar, que no debemos caer en el error capital de buscar una estricta biografía en su obra, las Rimas suponen una canalización poética de una vida, el poeta las ha depurado de nombre, fecha, y accidentes individualizadores, hasta quedar unas notas esenciales y universales. Mi intento será ahora, desentrañar la entramada amorosa de la vida y obra del poeta.

Comencemos por la época sevillana. Se enamoró de Julia Cabrera, ambos adolescentes. Ella amó toda su vida al poeta. Fue un sentimiento puro, lejano, hecho de ensueño y recuerdo. No se malogró la historia, porque no se consumó. De esta época, recuerda Nombela: ”preferíamos tener un ideal a tener una novia: el arte y la poesía nos envolvían en un nimbo de castidad inconscientes”3. En “la Mujer de piedra”, encontramos una referencia a una novia sevillana, vinculada en el cuento, a la idea de la de la fuerza irresistible con que le atrae el rostro de la estatua. El tema de la cortina que se levanta temblorosamente, aparece también en “ Tres Fechas ”, y según palabras del propio poeta: “simboliza el constante vago anhelo de la mujer, su idealización llena de misteriosa vaguedad”.Estos amores puros e inocentes, se relacionan con el ideal de mujer de aquella época: la mujer etérea, espíritu intangible, la mujer que no es alcanzable. De esta manera, no es extraño lo que decía Nombela. Y la joven de Santa Clara, había sido olvidada en Madrid.

Superada esta etapa, Bécquer se había enamorado platónica y apasionadamente, de la más hermosa, la más culta y refinada, la más coqueta y seductora...la que hoy nos parece la más becquerianas de todas las mujeres que pasaron por su vida: Julia Espín. La conoció en 1858, cuando paseaba con Julio Nombela, por la calle de la Justa, asomadas dos muchachas al balcón del nº 30, y así lo describe Nombela en sus Memorias: “...dos jóvenes de extraordinaria belleza, diferenciándose únicamente en que la que parecía mayor, escasamente diecisiete o dieciocho años, tenía la expresión de sus ojos y el conjunto de sus facciones algo de celestial. Gustavo se detuvo admirado, al verla, y aunque proseguimos nuestra marcha por la calle de la Flor Alta, no pudo menos de volver varias veces el rostro, extasiándose al contemplarla...” Desde aquel momento, se desencadenaría una pasión arrolladora en el poeta. Bécquer mantendría ciertas y frías relaciones sociales con ella y su refinado círculo, pero Julia siempre lo trataría con desdén y altivez. Sus amigos tuvieron que intervenir para que se desengañara, y Bécquer, sumido en la tragedia, dejaría de ir a verla. Sería el fin imposible a un amor quijotesco, creado en el ensueño de la imaginación y en su latente pasión.

Nuestro poeta, paladeando hieles y dulzuras, fue desgranando su amor ardoroso y vibrante, en las Rimas, y casi con toda certeza, sería Julia, aquella dama fría que nunca sospecharía ser, la gran musa del más bello y sufrido poemario de amor de la Literatura. Sólo después de muerto, pudo comprobar la propia Julia Espín, el inmenso amor que había inspirado su belleza y su arte lírico, y descubrir que, sin ella, no hubiera existido el más grande poema de amor de la época moderna. Parece ser, que tras el desengaño por Julia, nació de nuevo el amor para el poeta en la figura de Elisa Guillén. Las cartas de Bécquer a Rodríguez Correa, la identifican con “la dama rumbo a Valladolid”. Estas cartas fueron recogidas por F. Iglesias Figueroa4, y se sospechaba, que el nombre de Elisa, pudo ser un pseudónimo ficticio de Julia Espín. Sobre esta cuestión hay datos reales y cuestiones literarias que certifican la existencia de Elisa Guillén. Veamos un ejemplo basándonos en la teoría de J. de Entrambasaguas.5

“Para que lo leas con tus ojos grises,
Para que lo cantes con tu clara voz
Para que llenen de emoción tu pecho
Hice mis versos yo.
Para que encuentres en tu pecho asilo
Y los des juventud, vida y calor,
Tres cosas que yo (ya) no puedo darles
Hice mis versos yo.
Para hacerte gozar con mi alegría,
Para que sufras tú con mi dolor,
Para que sientas palpitar mi vida,
Hice mis versos yo.
Para poder poner ante tus plantas,
La ofrenda de mi vida y de mi amor,
Con alma, sueños rotos, risas, lágrimas,
Hice mis versos yo.”

1.Elisa no tenía los ojos azules como Julia, sino grises.

2.”Clara voz”, palabras inadmisibles dirigidas a una artista de categoría como era Julia Espín.

3. Era una dama más joven que el poeta, lo cual, aleja a Elisa de Julia, que es tan sólo dos años menor que Bécquer.

4. Se desvela una intimidad, incompatible con la discreción de los versos dedicados a Julia.

5.Versos propios para Elisa, para ser cantados.

En todo caso, Bécquer, ya en su desesperanza de conseguir el amor de Julia, se inclinó hacia Elisa, así podía recibir el amor y la ternura acumuladas. La ruptura no tardaría en sobrevenir, acaso debido a la infidelidad amorosa, increíble, lo que no había hecho Julia, lo había llevado a cabo Elisa. El derrumbamiento del poeta debió ser dramático, y también quedó patente este dolor y el posterior rencor, en los versos del poeta.

Después de la catástrofe amorosa del poeta, sus amigos acordaron, que un matrimonio tranquilo, sin apetencias de triunfos artísticos, sería lo más conveniente para el poeta. Sin apenas noviazgo, Bécquer contrajo matrimonio el 19 de Mayo de 1861, con Casta Esteban y Navarro, a quien al parecer, había sido abandonada por su novio, y quiso resolver así la violenta situación. Del matrimonio nacieron tres hijos y se produjo además una ruptura temporal, por voluntad ajena a los esposos, supuestamente, pues también se cree, que le fue infiel al poeta. Acaso el pronto matrimonio con Casta responde a la agridulce resignación o al deseo de hallar en ella un refugio sereno, o quizás se vio obligado a un casamiento fugaz, ¿ hasta qué punto sintió Bécquer, sincero y apasionado amor por Casta?, ¿ acaso inmortalizaría Bécquer a Casta, o reservaría la gloria sólo para Julia o Elisa?. No olvidemos tampoco que Casta no fue una mujer de bruma, ni de piedra; fue la madre de sus hijos y posiblemente la destinataria de Cartas literaria a una mujer.

¿Julia, Elisa o Casta?... Hay una discrepancia absoluta a la hora de determinar la musa inspiradora de todo el poemario, e incluso, de la asignación concreta de ciertas composiciones a una dama u otra.

Comencemos por el inusitado matrimonio con Casta. ¿Cómo se explica que después de la tragedia amorosa cayera el poeta en un matrimonio fugaz y absurdo? Cejador6 dice de Nombela estas palabras: “pensé, sin que el tiempo me haya hecho cambiar de opinión, que no se casó sino que lo casaron”. El rompimiento fue poco antes del matrimonio, testimonio de ello son las cartas de Bécquer a Rodríguez Correa, las Rimas y el casamiento mismo, parecen responder a un movimiento de desesperación. Testimonio de ello son las composiciones de 1859 rima XIII, 1860 rima XV y 1861 rima XXIII, LXI y LXII. Veamos algunos ejemplos:

“Es muy triste morir joven y no contar
una sola lágrima de mujer”.

“ En la oscura noche de mi alma
¿cuándo amanecerá?”

Autores como Balbín y Roldán, J. de Entrambasaguas, J. P. Díaz, o E. Blasco7 y gran parte de la crítica, rechazan a Casta como protagonista amorosa de las Rimas y se decantan por Julia Espín, aunque difieren a la hora de determinar la asignación concreta de varios poemas a una de estas tres mujeres. La discusión sobre la rima 60 “tu aliento es el aliento de las flores”, atiende a esta problemática. Mientras que Díaz8 y Balbín y Roldán9 consideran que es la única composición dedicada a Casta, el resto de los autores ya citados, opinan que van dirigidas a Julia Espín, la musa por excelencia. Pero sin duda alguna, el gran defensor de la esposa de Bécquer es Heliodoro Carpintero10, que afirma” Casta E. Cruza entre las líneas de bastantes rimas como cruzó entre los días del poeta. Unas veces dulce, riente, enamorada y feliz y otras amarga, sombría, desgraciada y rota. Por eso hay rimas con sol y hay rimas llenas de sombra”. Aludiendo a Julia dice “no hay duda de lo que fue de alguna de ellas, pero no de todas” y sin desvelar la única musa del amor concluye “ y aún quedan rimas que, sin duda, fueron inspiradas por otras mujeres. Hasta por mujeres de alabastro”.

Toda esta confusión originada nos imposibilita poner un nombre concreto a la dama poética de Bécquer, la predilecta Julia, la inesperada Elisa o la desterrada Casta, e incluso, cualquier fría estatua de un jardín o la dama escondida tras el balcón, podían haber sido, la musa inspiradora para el poeta. No podemos encontrar pues, biografía o círculos vitales claramente definidos como en Baudelaire, pero lo que sí hay en las Rimas es mucha vida, vida profunda, real y apasionada, porque Bécquer es un poeta en el sentido unamuniano, “ un poeta es el que desnuda con el lenguaje rítmico su alma”, y esto fue lo que hizo Gustavo Adolfo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola,

Primero quería felicitarte por lo que has escrito y luego aportar un poco más de información para sembrar más dudas respecto a la inspiradora del poeta.

Esta hipótesis se basa en la idea de que Julia y Elisa sean la misma mujer; me explico:

Con el nombre de Elisa haría referencia a Isabel Freyre, "Elisa" en los versos de Garcilaso, a quien admiraba profundamente el poeta y con quien se identificaba en su desdicha. Por otra parte Guillén es el segundo apellido del padre de Julia.

Además de que las referencias a Elisa Guillén y su nombre no son de personas directas al poeta.

Para mí no hay duda de que la vida de Bécquer es por, para y debido a Julia.

Todo esto lo he sacado de un estudio preliminar de las "Rimas y Leyendas" de 1971 de Angeles Cardona de Gibert y Juan Alcina.

Creo que jamás se sabrá la verdad sobre la musa de Becquer, quizás sea mejor así.

Un saludo.

VIAJAR CON... dijo...

Querida y desconocida primita: De Contreras a Contreras te comento que "A Elisa" es sólo una rima apócrifa, escrita en realidad por su "presunto descubridor":Fernando Iglesias Figueroa (el mismo verdadero autor de la leyenda becqueriana "La fe salva"), así se lo confesó a mi desaparecido maestro Rafael Montesinos su autoría pidiéndole que no le delatase,(aunque éste le guardó el secreto, fue descubierto años después por investigadores avezados y fiables en lo becqueriano).

Me da mucha alegría saber de tu existencia. Soy un viejo Contreras de la rama pobre pero honrada, que bien se quedó acá en España o bien emigró allá (o se exiló tras la derrota de 1939). Ya sabes, los "listos" la rama de títulos nobiliarios tras su traición de finales del siglo XV a la hija de Enrique IV para hacer reina a Isabel I no tienen que ver ni contigo ni conmigo ni con nuestros queridos antepasados directos.

Cuando vengas a España te gustará ver la casa palacio que levantó el Contreras que es nuestra raíz (en Ayllón, provincia de Segovia.... aunque él provenía de la de Burgos... Ahora estamos por toda España y toda América y parte del resto del mundo.

Disculpa lo extenso.

Saludos afectuosos de tu viejo primo

Julio/