Bitácora.
26 / Junio / 2010
Bueno, esta es una forma de retomar este blog ya tanto tiempo abandonado, incluso olvidado, y para relatar a mis seres más allegados cómo es que me va en esta tierra lejana que es Xalapa, tendrán que perdonar pero ya está un poco atrofiada mi habilidad narrativa, cualquier error está justificado, ¿ok? Empezamos.
El vuelo Hermosillo-Ciudad de México fue cómodo e incluso me pareció rápido, así que aterrizamos a las 12:30 hora de México. Y ahí fue donde empezaron algunos de mis disgustos.
Algunos de mis compañeros decidieron quedarse unos días en el Distrito Federal, ¿a qué? Aún no lo entiendo, ya que se había hablado de visitar la capital antes de la fecha de regreso, pero sospecho que algunos deseaban turistear, otros quedarse porque así decidió la mayoría y por ahí unos que querían ver el futbol. En fin, tomé mis maletas y me dirigí a buscar los autobuses en el aeropuerto.
En ese momento me di cuenta de lo grande que es el aeropuerto de la Ciudad de México y cómo a la gente le gusta hacer desatinar a otra. Preguntando dónde salen los camiones me mandaron a tres puentes diferentes, incluso hasta la parte de los vuelos internacionales (que sólo salen de ahí camiones hacia Puebla, Tlaxcala, Toluca y creo que a Cuernavaca), con dos maletas llenas, una almohada en bolsa y una mochila con, entre otras cosas, una computadora en la espalda. Para resumir está parte puedo decirles que estaba hasta sudando, además de comenzar ya una molestia en los brazos por jalar y empujar las maletas.
Cuando me mandaron al último puente un señor me pregunto hacia dónde me dirigía (una persona con gafete y que con uniforme que me habían dicho daba informes sobre los camiones). Cuando dije que me dirigía a tomar un camión hacia Xalapa me informó que había salido a las 12:30 un autobús hacia mi destino, y que el siguiente saldría hasta las 6:00 pm. Me recomendó, al ver mi cara de horror-preocupación-decepción, que fuera a TAPO, ahí salían camiones casi a cada hora, me consiguió un taxi y fui hacia TAPO.
NUNCA más volveré a tomar esos taxis, es una grosería lo que te cobran, casi me quedo sin dinero (propio, no del préstamo de la escuela) en ese taxi, $290.00, pero bueno, también era el que más rápido llegaba. Llego a la central 1:30 y a la 1:45 ya tenía mi boleto y estaba subiendo al camión. Fueron cinco largas horas de las cuales una fue tan sólo para salir del DF. La mitad del camino estuvo tranquilo pero ya entrando al estado de Veracruz el paisaje se llenaba de neblina y luego comenzó a llover, y siguió lloviendo hasta llegar a Xalapa, donde seguía cayendo a cántaros.
En la terminal pregunté los precios del taxi, los cuales se dividen por zona, así que tan sólo me costó $23.00 llegar de la central hasta los departamentos.
Al llegar conocí a la señora Verónica Davis y a sus dos hijas, fueron muy amables y me explicaron que aún no terminaban de acondicionar los departamentos, uno le faltaba la instalación del agua y una puerta; el otro departamentos es en realidad donde ella vive, así que aún no terminaba de sacar sus cosas pero ya tenía una habitación para que me instalara en lo que pagan el resto de los inquilinos su parte para terminar de arreglar, ya que es cierto, se confirmo que se rentaría tan sólo con tres días de anticipación.
He sentido el clima de forma variante, hace mucha humedad pero de un momento estoy sudada y acalorada, en otro tengo frío o está muy agradable. De comida no podría opinar demasiado, sólo he comido un alambre con queso por el cual puedo decir estaba muy rico. Ojalá pronto pueda probar el café.
Con esto concluyo la bitácora del día 26 de Junio del 2010.
El vuelo Hermosillo-Ciudad de México fue cómodo e incluso me pareció rápido, así que aterrizamos a las 12:30 hora de México. Y ahí fue donde empezaron algunos de mis disgustos.
Algunos de mis compañeros decidieron quedarse unos días en el Distrito Federal, ¿a qué? Aún no lo entiendo, ya que se había hablado de visitar la capital antes de la fecha de regreso, pero sospecho que algunos deseaban turistear, otros quedarse porque así decidió la mayoría y por ahí unos que querían ver el futbol. En fin, tomé mis maletas y me dirigí a buscar los autobuses en el aeropuerto.
En ese momento me di cuenta de lo grande que es el aeropuerto de la Ciudad de México y cómo a la gente le gusta hacer desatinar a otra. Preguntando dónde salen los camiones me mandaron a tres puentes diferentes, incluso hasta la parte de los vuelos internacionales (que sólo salen de ahí camiones hacia Puebla, Tlaxcala, Toluca y creo que a Cuernavaca), con dos maletas llenas, una almohada en bolsa y una mochila con, entre otras cosas, una computadora en la espalda. Para resumir está parte puedo decirles que estaba hasta sudando, además de comenzar ya una molestia en los brazos por jalar y empujar las maletas.
Cuando me mandaron al último puente un señor me pregunto hacia dónde me dirigía (una persona con gafete y que con uniforme que me habían dicho daba informes sobre los camiones). Cuando dije que me dirigía a tomar un camión hacia Xalapa me informó que había salido a las 12:30 un autobús hacia mi destino, y que el siguiente saldría hasta las 6:00 pm. Me recomendó, al ver mi cara de horror-preocupación-decepción, que fuera a TAPO, ahí salían camiones casi a cada hora, me consiguió un taxi y fui hacia TAPO.
NUNCA más volveré a tomar esos taxis, es una grosería lo que te cobran, casi me quedo sin dinero (propio, no del préstamo de la escuela) en ese taxi, $290.00, pero bueno, también era el que más rápido llegaba. Llego a la central 1:30 y a la 1:45 ya tenía mi boleto y estaba subiendo al camión. Fueron cinco largas horas de las cuales una fue tan sólo para salir del DF. La mitad del camino estuvo tranquilo pero ya entrando al estado de Veracruz el paisaje se llenaba de neblina y luego comenzó a llover, y siguió lloviendo hasta llegar a Xalapa, donde seguía cayendo a cántaros.
En la terminal pregunté los precios del taxi, los cuales se dividen por zona, así que tan sólo me costó $23.00 llegar de la central hasta los departamentos.
Al llegar conocí a la señora Verónica Davis y a sus dos hijas, fueron muy amables y me explicaron que aún no terminaban de acondicionar los departamentos, uno le faltaba la instalación del agua y una puerta; el otro departamentos es en realidad donde ella vive, así que aún no terminaba de sacar sus cosas pero ya tenía una habitación para que me instalara en lo que pagan el resto de los inquilinos su parte para terminar de arreglar, ya que es cierto, se confirmo que se rentaría tan sólo con tres días de anticipación.
He sentido el clima de forma variante, hace mucha humedad pero de un momento estoy sudada y acalorada, en otro tengo frío o está muy agradable. De comida no podría opinar demasiado, sólo he comido un alambre con queso por el cual puedo decir estaba muy rico. Ojalá pronto pueda probar el café.
Con esto concluyo la bitácora del día 26 de Junio del 2010.


La neblina durante el viaje.

Una foto de la luna desde la entrada del departamento.

El gato de la casera dormido entre mis maletas.
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